Curas para el fraude electrónico

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Ernesto Haikewitsch – Director de Marketing Estratégico – América Latina – Gemalto 

Con una frecuencia perturbadora, en los Estados Unidos se repiten noticias sobre el aumento del fraude en medios de pago electrónicos. En la última semana de mayo, la principal cadena minorista del mundo, la red norteamericana Wal-Mart, declaró que no invertirá más en soluciones paliativas para detener las pérdidas por clonación de tarjetas. Según los ejecutivos de la empresa, “estas soluciones “de primeros auxilios” no han demostrado eficacia y precisamos buscar soluciones definitivas basadas en tarjetas con chip y clave (chip & pin)”. Según lo que expresaron, ellos ya están totalmente preparados para captar transacciones con chip en el estándar EMV con clave en su red de los Estados Unidos.

Además de ello, los usuarios norteamericanos que se encuentran de viaje en el exterior comienzan a sufrir las consecuencias de la carencia de chip en sus tarjetas de crédito. Muchos establecimientos comerciales, principalmente en Europa, a pesar de estar capacitados para captar transacciones con banda magnética, simplemente prefieren perder la venta antes que asumir el riesgo de una pérdida por fraude. También en el mes de mayo, un banco norteamericano que atiende a funcionarios de la ONU divulgó haber sido el primero en emitir tarjetas de crédito con chip para grupos selectos de clientes que viajan al exterior con frecuencia.

Por otro lado, llegan noticias alentadoras, específicamente de Chile. Según datos recién divulgados por Euromonitor,  Chile registró el nivel de fraude en medios de pago más bajo de toda América Latina: US$ 1,75 millones en pérdidas por fraude sobre una facturación de US$ 7,1 mil millones, es decir, un envidiable índice de 0,025%, sensiblemente inferior a otros países de la región que adoptaron ampliamente el chip en sus tarjetas de débito y crédito, como es el caso de Brasil y México. Chile optó por otras medidas como el PinPass, donde todas las transacciones con tarjetas, ya sea de débito o de crédito, son capturadas por tarjeta magnética, utilizando una clave numérica en lugar de firmas.

Medidas como estas deben ser tomadas con mucha cautela. Brasil implantó innumerables soluciones (paliativas) de lucha contra el fraude electrónico antes de adoptar definitivamente el chip en las tarjetas de débito y crédito. Inmediatamente luego de la implantación de iniciativas como la confirmación positiva (tales como día, mes o año de nacimiento) en los POS y ATMs, el fraude se redujo sustancialmente. Pero en un máximo de 3 meses, “ingenieros sociales” aplicaban sus conocimientos para recrudecer los indicadores de fraude a niveles aún superiores a los índices pre-implantación. Los bancos creaban claves distintas para compras en POS y extracciones por ATM, con efectos de corta duración. En una iniciativa dramática, se redujeron radicalmente los límites operativos de extracciones y compras, creando serios problemas para los clientes.

Mientras tanto, se estaba estructurando cuidadosamente una industria: la clonación de tarjetas. En los primeros seis meses de 2005, el fraude con tarjetas de débito brasileñas aumentó más del 600%, alcanzando cifras insustentables. Pero la carretera ya estaba pavimentada: la gran mayoría de los ATM brasileños ya estaba preparado para capturar las transacciones con chip y la experiencia de innumerables proyectos piloto permitió que la industria bancaria se decidiese por la expansión inmediata de las tarjetas con chip. Las redes de adquirencia también se movieron rápidamente y el éxito fue total, tanto por el bajísimo ruido frente a los clientes – resultado de un exitoso plan de comunicación dirigido a los canales electrónicos, como ATMs y banca por Internet – como por la instantánea reducción de las pérdidas por fraude.

El concepto de que las tarjetas con chip son mucho más caras que las tarjetas convencionales, basadas en banda magnética, es completamente falso. De la misma manera en que es muy limitado y obvio pensar que su única finalidad es minimizar el fraude en los medios de pago. Bancos minoristas, especialistas en relaciones leales y de largo plazo con sus cuentistas, deben tener esta misma visión estratégica con sus medios de pago, previendo todos los servicios de valor agregado que solamente la tecnología del chip viabiliza. De este modo, pueden maximizar el retorno en todas las inversiones necesarias para la adopción de esta nueva plataforma tecnológica.

Iniciativas como la adopción del PinPass en Chile son válidas y desempeñan un importante papel en las acciones de prevención y lucha contra el fraude, además de ayudar a crear el hábito de uso de tarjetas de débito y crédito en las transacciones cotidianas en detrimento del uso de dinero en efectivo y otras transacciones más costosas, como los cheques. Por otro lado, puede estar estructurándose silenciosamente una industria paralela de clonación, exactamente igual que como sucedió en Brasil y en otros mercados, tornando la iniciativa en otra solución “de primeros auxilios” más. Y, hasta el momento, nada superó la tecnología del chip en tarjetas bancarias, no sólo en la eliminación del fraude mediante la clonación, sino también en la oferta de nuevas tecnologías digitales seguras y claramente generadoras de valor.

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