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América Latina y Caribe: un desastre natural por semana, cerca de 100.000 fallecidos y más de 360.000 millones de dólares en pérdidas

Es necesario crear una Estrategia Iberoamericana de Respuesta a los Desastres de origen natural: Resiliencia, seguro y alianzas público-privadas para acelerar la recuperación tras la catástrofe.

El cambio climático está aumentando la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, agravando riesgos y elevando su impacto sobre las personas y la economía.

Fundación Iberoamericana Empresarial, Mapfre y CAF-banco de desarrollo de América Latina y el Caribe han impulsado este informe para que la SEGIB lo presente en la próxima Cumbre Iberoamericana.

El Informe propone un decálogo de medidas para incrementar la resiliencia de la región frente a los desastres naturales.

El informe estima que es necesaria una inversión de hasta 31.000 millones de dólares al año en infraestructuras resilientes a inundaciones y huracanes, y movilizar otros 15.000 millones de dólares hasta 2030 para la adaptación y gestión del riesgo de desastres.

La protección civil es esencial, pero la resiliencia de personas y economías debe reforzarse con esquemas público-privados e instrumentos financieros que reduzcan el impacto y eviten efectos persistentes sobre el bienestar.  

Los desastres naturales son cada vez más frecuentes y graves en América Latina y el Caribe. Durante los últimos 50 años, cuatro de cada diez personas han sido impactadas por tormentas tropicales, huracanes, inundaciones, sequías, olas de calor o incendios forestales, un promedio de un desastre natural por semana, con cerca de 100.000 víctimas mortales y pérdidas económicas que superan los 360.000 millones de dólares.

Tormentas, inundaciones, sequías, olas de calor y otros fenómenos extremos, cada vez más intensos y frecuentes, destruyen viviendas, interrumpen cadenas logísticas, reducen ingresos, obligan a desviar recursos públicos hacia la atención de emergencias y la reconstrucción y, en muchos casos, generan secuelas prolongadas sobre el crecimiento, la pobreza, la cohesión social y la estabilidad fiscal.

La experiencia demuestra que, aunque la región ha avanzado de forma significativa en materia de protección civil -sistemas de prevención, alerta temprana y evacuación ante una emergencia- los países necesitan disponer de una estrategia adicional para reforzar la resiliencia regional y acelerar la reconstrucción tras este tipo de desastres de origen natural.

Desastres de origen natural registrados en América Latina y el Caribe

Fuente: EM-DAT Database

Ante la recurrencia de estos fenómenos, es clave contar con instrumentos financieros predefinidos, adecuados a distintos tipos de riesgo y momentos de intervención, como los seguros, esquemas público-privados y otras herramientas de liquidez y transferencia de riesgo que permiten disponer de fondos y reglas de actuación ya definidas, evitando improvisaciones cuando se produce una emergencia.

Los expertos indican que para los incidentes más habituales y de menor impacto pueden utilizarse reservas presupuestarias, y fondos de contingencia, mientras que para eventos menos frecuentes y de mayor severidad son necesarios instrumentos de transferencia, como los seguros, reaseguros, esquemas paramétricos y bonos catastróficos que ayuden a cubrir los costes de recuperación.

Son algunas de las conclusiones del informe Hacia una Estrategia Iberoamericana de Respuesta a los Desastres de Origen Natural: Resiliencia, Seguro y Alianzas Público-Privadas, que la Fundación Iberoamericana Empresarial (FIE) ha presentado hoy a la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) para que pueda ser analizado en la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que se celebrará en Madrid los días 4 y 5 de noviembre de 2026.  El informe ha sido impulsado de forma conjunta por la

FIE, Mapfre, y CAF-banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, y ha sido elaborado por los economistas, ingenieros y expertos en estrategias de políticas públicas Manuel Balmaseda, Ángel Melguizo y Víctor Muñoz.

El documento propone avanzar en una estrategia que refuerce la protección civil con una segunda línea de defensa basada en la resiliencia financiera a través de los seguros, la financiación preventiva, la innovación tecnológica y la colaboración entre el sector público y el privado que, según los autores, son elementos clave para contribuir a reducir la brecha de protección aseguradora (81% en la región), acelerar la recuperación tras una catástrofe y fortalecer la resiliencia económica y fiscal de los países que forman parte de esta región.

Urgencia social y económica

Reforzar la capacidad de respuesta de América Latina y el Caribe ante los desastres de origen natural es una urgencia social y económica, con una dimensión financiera decisiva.

El informe propone un decálogo con principios claros, accionables y medibles, que permitan a los países pasar a la acción y disponer de recursos suficientes y rápidos para acelerar la reconstrucción tras los desastres naturales y reducir sus consecuencias sociales y económicas.

Entre ellos, destaca el hecho de convertir la resiliencia financiera en una prioridad de Estado; disponer de recursos para la recuperación de forma rápida; proteger las infraestructuras, servicios y actividades económicas cuya interrupción tenga un mayor impacto social y económico; mejorar la accesibilidad aseguradora para que una parte importante de la población y de las pequeñas empresas tengan mayor acceso a mecanismos de cobertura frente a riesgos catastróficos, aumenten la proporción de pérdidas cubiertas debido a barreras económicas, limitaciones de información y dificultades de distribución; y asegurar pagos rápidos, ya que la agilidad en los desembolsos es fundamental para una recuperación eficaz.

El decálogo también hace referencia a la importancia de: impulsar alianzas público-privadas, ya que la colaboración entre administraciones y empresas es clave para aprovechar la capacidad técnica, financiera y de innovación del sector privado y mejorar la protección; vincular protección y prevención, para que los mecanismos de cobertura estén acompañados de medidas que reduzcan los riesgos y fomenten una mejor planificación y preparación ante los desastres; y avanzar con una cooperación flexible y orientada a resultados, ya que cada país debe poder progresar según sus necesidades y capacidades con el objetivo común de ampliar la protección, acelerar la recuperación y reducir el impacto de los desastres.

Decálogo para implementar la Estrategia Iberoamericana de respuesta a los desastres de origen natural

1Integrar la resiliencia financiera como prioridad de Estado
2Reducir la brecha de protección frente a los desastres de origen natural
3Priorizar los riesgos, activos y actividades de mayor impacto económico y social
4Impulsar alianzas público-privadas con reglas claras
5Preservar la disponibilidad y sostenibilidad de las coberturas
6Garantizar pagos rápidos, transparentes y verificables
7Utilizar la innovación tecnológica y financiera para ampliar la cobertura
8Vincular el aseguramiento con la prevención y la reducción del riesgo
9Construir estándares y capacidades iberoamericanas compartidos
10Avanzar mediante un multilateralismo flexible y orientado a resultados

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