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Venezuela puede ser el país más barato del mundo para producir tokens de inteligencia artificial

La paradoja venezolana: mientras el mundo paga hasta 136 dólares por megavatio-hora para alimentar centros de datos de IA, Venezuela posee los recursos para ofrecer energía a una fracción de ese precio. El camino existe. El momento es ahora.

En un entorno donde los tokens —las unidades básicas de procesamiento de la inteligencia artificial— se convierten en una nueva mercancía global, los países con energía más accesible, confiable y bien integrada tendrán una ventaja competitiva estructural.»— Satya Nadella, CEO de Microsoft, Foro Económico Mundial de Davos, enero 2026.

Venezuela lleva más de quince años atrapada en una crisis eléctrica que parece crónica. La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2025) de la Universidad Católica Andrés Bello lo confirma con números brutales: apenas el diez por ciento de los hogares venezolanos reporta no sufrir cortes de luz. El noventa por ciento restante vive con interrupciones diarias o semanales de varias horas.

El sistema eléctrico nacional tiene una capacidad instalada nominal de más de 34 gigavatios, pero la disponibilidad operativa real no supera los 12.000 a 16.000 megavatios. Más del 60 por ciento de las líneas de transmisión ha superado su vida útil recomendada, y las pérdidas técnicas alcanzan hasta el 40 por ciento de la energía generada. El sector industrial venezolano ya reporta pérdidas del 15 por ciento en su capacidad operativa por las fluctuaciones de voltaje. Recuperar el sistema desde cero requiere, según diversas estimaciones de especialistas, una inyección de entre 20.000 millones de dólares en el corto plazo y hasta 60.000 millones en el mediano plazo.

90% de hogares venezolanos sufre cortes eléctricos (Encovi 2025)

34 GW capacidad instalada nominal del sistema

12–16 GW disponibilidad operativa real

40% pérdidas técnicas de energía generada

Esa es la historia que todos conocen. Lo que muy pocos han articulado con claridad es la otra historia: Venezuela posee un potencial energético renovable suficiente para abastecer 22 veces su demanda proyectada para 2050. Y el mundo —especialmente el mundo de la inteligencia artificial— está desesperado por energía barata.

Para entender la oportunidad venezolana es preciso comprender qué está ocurriendo con la demanda energética global de la inteligencia artificial. En 2026, los centros de datos dedicados a IA consumen 415 teravatios-hora a nivel mundial, aproximadamente el 1,5 por ciento de toda la electricidad del planeta. Una cifra que supera el consumo eléctrico anual de países como Argentina o Suecia. Y el crecimiento es exponencial: Goldman Sachs Research estima que la demanda energética de los centros de datos crecerá un 165 por ciento antes de 2030, impulsada principalmente por la IA generativa.

Cada interacción con un modelo como ChatGPT o Claude consume entre 0,3 y 2,9 vatios-hora, aproximadamente diez veces más que una búsqueda tradicional en Google. Con cientos de millones de consultas diarias a nivel mundial, el impacto acumulativo es descomunal. El resultado más concreto de esta presión está sucediendo ahora mismo en los Estados Unidos: el precio mayorista de la electricidad en la red PJM —la mayor red de distribución energética del país, que sirve a 67 millones de personas en 13 estados— pasó de 77,78 dólares por megavatio-hora en el primer trimestre de 2025 a 136,53 dólares en el mismo período de 2026. Un salto del 76 por ciento en un solo año. La causa principal, según el auditor independiente del mercado: el crecimiento de los centros de datos de IA.

«El verdadero límite del crecimiento de la inteligencia artificial no será únicamente la capacidad de cómputo. Será la capacidad de alimentar esa infraestructura de forma fiable, eficiente y sostenible.»

Las grandes corporaciones tecnológicas ya están reaccionando a esta presión. Microsoft reactivó la planta nuclear de Three Mile Island. Google contrató plantas de energía nuclear modular pequeña. Amazon invierte en múltiples startups energéticas. La carrera, como lo expresó un analista especializado, ya no es por GPUs: es por energía. Islandia, Noruega y Canadá se están convirtiendo en destinos preferidos para nuevos centros de datos precisamente porque ofrecen acceso a energía limpia y abundante. En este contexto geopolítico y económico, Venezuela debería estar en esa conversación.

La geografía venezolana es una de las más privilegiadas del mundo para la generación de energía renovable. El territorio recibe entre 5,5 y 6 kWh por metro cuadrado por día de radiación solar en amplias zonas, con picos de hasta 7,3 kWh/m²/día en regiones como Zulia, Falcón y Nueva Esparta. El país cuenta con más de 2.600 horas de sol al año. La Península de Paraguaná y La Guajira registran velocidades de viento de entre 6 y 9 metros por segundo, dentro del rango óptimo para generación eólica comercial de escala, comparable con los corredores eólicos de Dinamarca y los Países Bajos.

Según el Atlas de las Renovables de IRENA, Venezuela posee un portafolio estimado de 370 oportunidades de inversión estratégica en solar y eólica que totalizan 18.500 megavatios de capacidad. Eso equivale a igualar la generación eléctrica nacional total de 2025 mediante una inversión de 24.000 millones de dólares en tecnologías descarbonizadas. Y las proyecciones del mercado de energías renovables estiman que la capacidad instalada venezolana podría crecer de 18,67 gigavatios en 2025 a 25,79 gigavatios en 2031, con la energía solar fotovoltaica creciendo a una tasa anual compuesta del 133,7 por ciento.

Potencial renovable de Venezuela

Solar: entre 4 y 6 kWh/m²/día en promedio (hasta 7,3 en Zulia, Falcón, Nueva Esparta). Más de 2.600 horas de sol al año. Eólico: Paraguaná y La Guajira con velocidades de 6-9 m/s, rango óptimo para generación comercial. Potencial eólico nacional estimado en más de 12.000 MW. Hidroeléctrico: infraestructura existente en el Guri capaz de rehabilitarse como columna vertebral de una nueva matriz energética. El potencial combinado podría abastecer 22 veces la demanda proyectada del país para 2050.

El problema no es la falta de recursos naturales. El problema ha sido estructural: décadas de subinversión, centralización política, fuga de cerebros especializados, y ausencia de un marco jurídico moderno que atraiga inversión privada. Pero esas barreras, a diferencia de la ausencia de sol o de viento, son barreras que pueden removerse con voluntad política y arquitecturas financieras creativas.

La convergencia entre la crisis eléctrica venezolana y la demanda energética de la inteligencia artificial no es una coincidencia histórica accidental. Es una ventana de oportunidad con fecha de vencimiento. La propuesta que articulamos aquí parte de una premisa simple: si Venezuela logra reconstruir y modernizar su sistema eléctrico con energías renovables, y si en paralelo atrae inversión en centros de datos de inteligencia artificial, puede convertirse en el país con los tokens de IA más económicos del mundo en el mediano plazo.

¿Por qué esta hipótesis tiene fundamento? Porque el costo de un token de IA —la unidad de procesamiento que los grandes modelos usan para generar texto, imágenes, análisis o código— está directamente correlacionado con el costo de la electricidad que alimenta los servidores que lo producen. En una región donde la electricidad mayorista ya cuesta más de 136 dólares por megavatio-hora y sigue subiendo, un país capaz de ofrecer energía solar o eólica a 20 o 30 dólares por megavatio-hora tiene una ventaja competitiva estructural de cinco a uno.

¿Por qué Venezuela puede liderar la economía del token?

  • Irradiación solar entre las más altas de América Latina: energía fotovoltaica con costos nivelados (LCOE) que pueden competir con cualquier mercado desarrollado.
  • Corredores eólicos en Paraguaná y La Guajira comparables en rendimiento con los mejores de Europa.
  • Infraestructura hidroeléctrica existente —especialmente el Guri— que puede actuar como respaldo de base para centros de datos que requieren disponibilidad 24/7.
  • Mano de obra técnica calificada disponible para reintegración desde la diáspora, con incentivos adecuados.
  • Costos de tierra y construcción significativamente inferiores a los mercados maduros de Virginia, Irlanda o Singapur.
  • Ubicación geográfica estratégica para servir tanto al mercado latinoamericano como al norteamericano con latencias competitivas.
  • Potencial para ofrecer tokens de IA hasta cinco veces más económicos que el promedio actual en mercados como el de PJM en Estados Unidos.

Tres fases para transformar una crisis en liderazgo regional

La transformación del sistema eléctrico venezolano en plataforma para la economía del token de inteligencia artificial no ocurrirá de manera espontánea ni inmediata. Requiere una hoja de ruta en tres fases, cada una con objetivos distintos pero sinérgicos.

FaseHorizonteObjetivo principalMecanismos clave
I2026–2028Estabilización y descentralización Detener el colapso del sistema nacional; crear islas de confiabilidad eléctrica.Energía solar distribuida en zonas industriales clave; reactivación de termoeléctricas regionales; esquemas de pago descentralizados por servicios eléctricos.
II2028–2031Construcción de parques renovables Despliegue de los 370 proyectos estratégicos identificados por IRENA en solar y eólica.Contratos de largo plazo (PPAs) con inversión público-privada; zonas económicas especiales para centros de datos; marco legal moderno para energías renovables.
III2031–2040Hub hemisférico de IA Venezuela como destino preferido para centros de datos de inferencia y entrenamiento de modelos de IA para América Latina.Interconexión submarina de fibra óptica; clústeres de cómputo de alta densidad alimentados por renovables; exportación de tokens como servicio a mercados de LATAM y EE.UU.

La descentralización como condición necesaria

El ingeniero Alejandro López, del Centro de Investigación Tecnológicas de la Universidad Rafael Belloso Chacín, ha señalado que la recuperación del sistema eléctrico pasa por la descentralización: reactivación de las termoeléctricas regionales y capacitación del personal técnico. Esta lógica aplica perfectamente al modelo de centros de datos para IA. Los grandes operadores mundiales ya están migrando hacia arquitecturas distribuidas —edge computing— que procesan datos más cerca del usuario final, reduciendo la necesidad de transmisión y el consumo energético. Venezuela, con su geografía extensa y sus múltiples zonas de alta irradiación, puede diseñar desde cero un modelo de cómputo distribuido alimentado por microrredes renovables.

El rol de la diáspora y el capital venezolano

Uno de los activos más subestimados de Venezuela para esta transformación es su diáspora. Más de siete millones de venezolanos residen en el exterior, incluyendo ingenieros, técnicos especializados y emprendedores tecnológicos. Las remesas ya están financiando instalaciones solares residenciales, con kits de entre mil y cuatro mil dólares. Ese mismo capital humano y financiero, con incentivos estructurados, puede convertirse en el primer motor de la transformación energética. El modelo cooperativo de energía —donde comunidades, empresas y el Estado comparten la propiedad y los beneficios de las instalaciones renovables— ha funcionado en contextos similares en América Latina.

Sería irresponsable presentar esta oportunidad sin nombrar los obstáculos con la misma claridad con que se nombra el potencial. La desconfianza de los inversores extranjeros es el primero y más importante. Gigantes tecnológicos como Siemens o General Electric conocen el potencial del mercado venezolano, pero el historial de impagos y la falta de seguridad jurídica los mantienen alejados. Sin reformas estructurales en el marco legal, sin garantías creíbles y sin estabilidad institucional, el potencial solar y eólico seguirá siendo un dato en los atlas de IRENA y no en los libros de órdenes de los bancos de desarrollo.

El segundo obstáculo es la fuga de cerebros. El colapso del sistema eléctrico requiere especialistas que ya no están en Venezuela. Reiniciar una red envejecida sin el capital humano adecuado es un riesgo técnico enorme. Cualquier plan serio de recuperación incluye, como condición necesaria, un programa de repatriación de talento con condiciones laborales competitivas a escala regional.

El tercero es la cultura del subsidio eléctrico y la resistencia al cobro de tarifas reales. Sin un esquema de financiamiento que genere flujos de caja sostenibles para el operador del sistema, ninguna inversión privada puede estructura contratos viables. La solución no es imponer tarifas de golpe a una población ya castigada, sino crear modelos híbridos donde los grandes consumidores industriales —y los futuros centros de datos— paguen tarifas de mercado, subsidiando implícitamente el servicio residencial.

Condiciones mínimas para la inversión en IA energética

Marco jurídico: ley moderna de energías renovables con garantías para inversión extranjera y contratos de largo plazo (PPAs). Seguridad jurídica: arbitraje internacional reconocido para conflictos entre el Estado y los operadores privados. Infraestructura de conectividad: capacidad de fibra óptica de alta velocidad para transmisión de datos desde y hacia los centros de cómputo. Talento: programa nacional de repatriación de ingenieros y técnicos especializados en energía y tecnología. Gobernanza: separación clara entre el operador técnico del sistema y la gestión política del sector.

Venezuela tiene una ventana. Depende de nosotros no dejarla cerrar.

El mundo de la inteligencia artificial no esperará a que Venezuela resuelva sus contradicciones internas. Los centros de datos se construyen hoy en Islandia, en Noruega, en Canadá, en cualquier lugar donde la energía sea confiable y económica. Cada año que pasa sin una estrategia energética seria es un año que Venezuela cede terreno en la carrera por convertirse en un actor relevante de la economía digital del siglo XXI.

Pero la ventana existe. El potencial solar y eólico venezolano no va a ningún lado. La demanda de tokens de IA no va a disminuir. La pregunta no es si Venezuela puede aprovechar esta oportunidad. La pregunta es si lo hará antes de que otros lo hagan en su lugar.«La energía del futuro no se extrae del subsuelo. Se cosecha del sol, del viento, y de la voluntad política de construir instituciones confiables.»

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