Rescatando el pulso digital de Venezuela: El buque especializado de Cirion Technologies inicia la cuenta regresiva para la reparación del cable submarino
Por: Alberto Marín Morán – Estamos en Línea – Venezuela.
Cuando la tierra se movió en Yaracuy la noche del 24 de junio, pocos pensaron en lo que ocurría 1.800 metros mar adentro, frente a las costas de Catia La Mar. Ahí, bajo el agua, el doblete sísmico de magnitud 7,2 y 7,5 fracturó uno de los puntos más críticos —y menos visibles— de la infraestructura digital venezolana: el cable submarino South American Crossing (SAC), operado por Cirion Technologies, el mismo hilo de fibra óptica que conecta al país con la red internacional y por el que circula la mayor parte del tráfico de datos que entra y sale de Venezuela.
Dos semanas después, Conatel sigue reportando que el servicio de internet opera a la mitad de su capacidad habitual. No es un problema de router ni de proveedor local: es un problema de geografía submarina.
El punto exacto del daño
Conatel ubicó la avería con precisión quirúrgica: a 1,8 kilómetros de la estación de amarre de Puerto Viejo, en Catia La Mar, estado La Guaira. Ese punto no es cualquier tramo de cable: es el nodo donde la fibra que viene del lecho marino se conecta con las redes terrestres que distribuyen internet a hogares, empresas y dispositivos móviles en todo el país. Cirion confirmó que la estación de amarre en sí quedó en buen estado, pero el tramo submarino inmediato sufrió la rotura física.
El resultado es una redistribución forzosa del tráfico hacia otras rutas disponibles, lo que reduce la capacidad total y satura las conexiones que sí siguen operativas. De ahí la lentitud, las videollamadas que se cortan, los videojuegos con alta latencia y las dificultades para acceder a ciertas plataformas internacionales que miles de venezolanos reportan desde hace más de una semana.
La respuesta técnica: un buque
La reparación de un cable submarino no se resuelve con un técnico y una caja de herramientas. Requiere una embarcación especializada capaz de localizar el punto exacto de la fractura en el fondo oceánico, izar el tramo dañado y empalmarlo mediante fusión de fibra óptica, un proceso que puede tomar días dependiendo de las condiciones del mar.
Mientras tanto, Cirion no se quedó de brazos cruzados: en menos de 48 horas tras el sismo restableció por completo el anillo de conectividad de Caracas, y para el 5 de julio ya había recuperado el 62% de los servicios afectados, priorizando hospitales, bancos y cadenas de alimentación, siguiendo criterios internacionales de restauración por sectores esenciales.
El buque especializado asignado para esta operación se encuentra finalizando trabajos en Guadalupe. De acuerdo con la planificación vigente, se espera que entre el 11 y el 12 de julio arribe a Curazao para realizar labores de abastecimiento como parte de su preparación logística.
Posteriormente, y una vez se completen las autorizaciones requeridas por las autoridades venezolanas para este tipo de operaciones, el buque podría ingresar a aguas venezolanas entre el 16 y el 17 de julio para avanzar hacia la siguiente etapa del proceso de reparación del cable submarino.
Desde el inicio de esta contingencia, Cirion ha trabajado de manera coordinada con CONATEL – quien ha puesto en marcha un plan excepcional de celeridad regulatoria – y las autoridades competentes para acelerar las gestiones necesarias que permitan iniciar la reparación definitiva del cable submarino. Valoramos el trabajo conjunto que se ha desarrollado durante estos días para avanzar en un proceso extraordinario, derivado de una situación sin precedentes para la infraestructura de telecomunicaciones del país.
Según informo Cirion: «La capacidad habilitada hasta hoy mitiga el impacto, pero aún no es suficiente para restablecer la totalidad de nuestros clientes. Hemos hecho y seguimos haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para restablecer la totalidad de los servicios en el menor tiempo posible».
La jugada regulatoria: rutas de emergencia por Colombia
El otro frente de la respuesta se jugó en el terreno regulatorio. Conatel, activó un mecanismo de «celeridad regulatoria» amparado en el artículo 33 de la Ley Orgánica de Telecomunicaciones (Lotel), que permite agilizar trámites administrativos sin alterar el régimen de concesiones. Bajo esa figura, se autorizó a operadores como Thundernet, VNET, Fibex y Airtek a establecer enlaces terrestres de emergencia con Colombia para sustituir parte de la capacidad internacional perdida.
Es un dato que no debería pasar inadvertido para el ecosistema tecnológico binacional: en medio de la emergencia, la conectividad de Venezuela terminó apoyándose, aunque sea parcialmente, en la infraestructura colombiana. Es el tipo de interdependencia que normalmente se discute en foros de política pública, no se activa de un día para otro bajo presión de un desastre natural.
Como respaldo adicional, se integraron conexiones satelitales de emergencia, y Fibex Telecom instaló 17 puntos de acceso WiFi gratuito en distintos sectores de La Guaira —la zona donde la infraestructura terrestre de telecomunicaciones quedó más golpeada, con radiobases caídas junto con los edificios que las alojaban y tendidos de fibra cortados a lo largo de todo el estado, según denunció el presidente de Casetel, Pedro Marín.
Starlink: la capa satelital que llenó el vacío en tierra
Si el cable submarino fue el punto de quiebre internacional, en La Guaira el colapso fue todavía a más: radiobases caídas junto con los edificios que las alojaban, postes de tendido eléctrico y de fibra derribados, y zonas enteras donde, según reportó Casetel, no era posible ni siquiera hacer una llamada.
Ahí es donde Starlink pasó de curiosidad tecnológica a pieza operativa de la emergencia. El 26 de junio, apenas dos días después del sismo, Conatel otorgó a Movistar un permiso excepcional de tres meses para operar en la banda de 1900 MHz un servicio satelital Direct-to-Device (D2D) soportado por la constelación Starlink Mobile, con una condición clave: esa capacidad debía ponerse a disposición también de Digitel y Movilnet una vez que ambas realizaran las adecuaciones técnicas necesarias. Es decir, desde el diseño regulatorio, la solución satelital de emergencia nació pensada para las tres operadoras móviles del país, no como ventaja exclusiva de una sola.
En la práctica, las tres terminaron activando el servicio. Movistar fue la primera en desplegarlo, habilitando mensajería SMS vía Starlink Mobile para sus clientes en Catia La Mar, Maiquetía y Playa Grande, además de tres puntos de wifi gratuito en refugios; la operadora reportó 70,2% de su infraestructura recuperada en el estado. Digitel activó su propio servicio de mensajería satelital el 1 de julio y, según sus reportes más recientes, alcanzó el 89% de conectividad restablecida, con 48 estaciones operativas —44 radiobases recuperadas y 4 completamente nuevas instaladas durante la emergencia—, además de usar Starlink como enlace de transporte para sus antenas celulares cuando la infraestructura fija no estaba disponible. Movilnet, la operadora estatal, también habilitó el 1 de julio el envío gratuito de mensajes de texto vía satélite en alianza con Starlink Mobile para sus usuarios en La Guaira, como parte del mismo plan de contingencia. La embajada de Estados Unidos en Caracas informó este 9 de julio que Starlink ha distribuido, además, más de 1.600 kits de conectividad en las zonas más golpeadas del país, apoyando a equipos de rescate, personal médico y organizaciones humanitarias, con servicio gratuito extendido hasta el 25 de julio.
La lección técnica es clara y no es nueva, pero rara vez se había probado en Venezuela a esta escala, y menos con las tres operadoras móviles del país coordinadas bajo un mismo permiso regulatorio: cuando la fibra y las radiobases caen al mismo tiempo, la constelación satelital de órbita baja se convierte en la única vía de respaldo verdaderamente independiente de la infraestructura terrestre dañada. Es una capa de resiliencia que ningún operador local puede replicar por sí solo, y que en esta emergencia terminó siendo, de facto, subcontratada a un proveedor extranjero.
El otro ángulo: qué habría pasado con más tráfico resuelto dentro del país
Aquí vale la pena traer una pieza de infraestructura que rara vez se discute fuera de los círculos técnicos, pero que esta crisis vuelve doblemente relevante: los puntos de intercambio de tráfico de Internet, o IXP, cuya función es simple pero poderosa —permitir que el tráfico puramente doméstico (dos usuarios venezolanos comunicándose entre sí, una empresa local accediendo a un servidor local) se resuelva dentro del país, sin tener que salir por un cable internacional y regresar. En Venezuela conviven hoy dos iniciativas de este tipo, con historias y naturaleza distintas.
La primera es NAP.VE, el primer IXP de capital privado del país, desarrollado por Norberto Faria y operativo desde antes de que el tema entrara en la agenda gremial-estatal. NAP.VE se construyó como plataforma neutral con presencia física en el data center de Cirion Technologies en Caracas, además de puntos de presencia en Parque Cristal (Caracas), San Diego y Paseo Las Industrias (Valencia), un mini centro en Italia (Maracaibo) y el C.C. Terrazas (Maturín). Su propuesta técnica va más allá del peering tradicional: ofrece Virtual PNI —interconexión privada punto a punto sobre infraestructura virtualizada, sin requerir un enlace físico dedicado— y servicio de caché local para proveedores de contenido, dos capas adicionales que reducen aún más la necesidad de que el tráfico doméstico cruce fronteras. La compañía describe su diseño como «altamente resiliente, con múltiples capas de redundancia que aseguran el intercambio continuo de tráfico, incluso en condiciones adversas» —una frase que, dos años después de su fundación, la ruptura del cable SAC terminó de poner a prueba en el peor escenario posible.
La segunda es el proyecto «IXP Venezuela», de naturaleza gremial-estatal, formalizado en septiembre de 2024 durante Fitelven con la firma de la Asociación de Interconexión de Operadores de Internet de Venezuela, en la que participan Cantv, Movilnet, Digitel, Fibex, PatriaCell, Thundernet, VNET, Inter, NetUno y otras compañías. Conatel reportó recientemente que este proyecto ya permite a diez empresas venezolanas intercambiar más de 300 gigabits de datos de forma interna, con el respaldo explícito del organismo regulador. Julio Makarem, presidente de Patriacell, resumió el principio técnico compartido por ambas iniciativas: con un IXP en pleno funcionamiento, ante un corte de fibra submarina como el del 24 de junio, buena parte de los servicios de telecomunicaciones podría seguir operando con normalidad, porque no dependerían de cruzar el cable dañado para comunicarse entre sí.
La pregunta que deja este terremoto para el sector es, entonces, doble: cuánto tráfico venezolano hoy sigue saliendo innecesariamente del país —y por tanto quedando expuesto a la fragilidad de un solo cable— y qué tan rápido puede escalar la adopción de estos puntos de intercambio, tanto el privado como el gremial-estatal, entre los operadores que todavía no participan activamente. A mayor cantidad de tráfico local resuelto dentro de estas plataformas, menor la dependencia de cualquier punto único de falla como el que dejó a medio país navegando a la mitad de su velocidad durante más de dos semanas.
La lectura de fondo
Más allá de la coyuntura, este episodio deja una lección incómoda sobre la vulnerabilidad estructural de la conectividad venezolana. El país depende en gran medida de un número reducido de puntos de entrada internacional de datos, y cuando uno de ellos falla, el margen de maniobra es limitado: cables alternativos, satélite y enlaces terrestres de emergencia, todos ellos soluciones parciales mientras se ejecuta la reparación definitiva bajo el mar.
Para el sector tecnológico y empresarial venezolano, la pregunta que queda sobre la mesa no es solo cuándo se restablecerá el 100% de la capacidad, sino qué inversión en redundancia de infraestructura —nuevos cables, más puntos de conexión regional, mayor capacidad satelital— se justifica ahora que el riesgo sísmico dejó de ser una hipótesis de manual y se convirtió en una experiencia reciente y costosa. Conatel mantiene el llamado a un uso racional de la red, priorizando comunicaciones esenciales de salud, coordinación institucional y protección civil.

