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Un mes después del terremoto:  Sinergia entre el sector privado y las ONG redefinió la respuesta humanitaria en Venezuela

Frente a la parálisis logística tras el terremoto, la articulación entre grandes marcas alimentarias y organizaciones civiles garantizó el suministro en las zonas más vulnerables.

Caracas, julio 2026 – A un mes del terremoto que golpeó a Venezuela, el país comienza a reconstruir su rutina. Pero hay un fenómeno que sigue llamando la atención de analistas, sociólogos y especialistas en reputación corporativa: la conducta de las marcas de alimentos durante la emergencia. En un contexto donde la infraestructura se vio afectada, los servicios se interrumpieron y la vida cotidiana quedó suspendida, estas empresas lograron sostener su operación y acompañar a la población desde el primer momento del acontecimiento.

Lo que ocurrió no fue casual. Fue el resultado de disciplina operativacoherencia institucional y, sobre todo, una articulación silenciosa pero efectiva con ONG´s e instituciones de gran compromiso, que permitieron que los alimentos llegaran a comunidades afectadas, refugios temporales y zonas donde la logística tradicional no podía operar.

Un comportamiento adecuado a las circunstancias

Las principales marcas del país —Harina PAN, Diablitos Underwood, San Simón, Parmalat, Plumrose, Mavesa, La Montserratina, Santa Teresa, JHS Agroindustria, Grupo Di Mesa. entre otras— adoptaron una conducta que los especialistas describen como “operativamente sobria y socialmente pertinente”.

No hubo campañas estridentes, ni protagonismo, ni mensajes oportunistas. Hubo presencia, continuidad y responsabilidad.

Mientras el país enfrentaba réplicas, interrupciones eléctricas y desplazamientos internos, estas marcas mantuvieron su producción y distribución con una estabilidad que sorprendió incluso a actores del sector logístico.

El rol de las ONG: la pieza que permitió la efectividad

La efectividad de estas marcas no se explica solo por su capacidad industrial. Se explica por la alianza operativa con ONG y organizaciones de respuesta humanitaria, que actuaron como puente entre la empresa y las comunidades.

ONG´S como Cáritas, Alimenta la Solidaridad, Acción Humanitaria, el DVC, World Central Kitchen (WCK) redes parroquiales y organizaciones locales como Los Arcos, Fundaciones privadas y otros que fueron claves para trasladar alimentos a zonas donde la distribución comercial no podía llegar. La articulación fue discreta, pero decisiva:

Las ONG identificaban las zonas críticas. Las marcas aportaban productos y logística. Las instituciones comunitarias aseguraban la entrega ordenada.

Este triángulo operativo permitió que productos esenciales —arepas, diablitos, lácteos, jugos, panes, margarinas, embutidos y alimentos de preparación rápida— estuvieran disponibles incluso en los días más complejos.

Tradición y acompañamiento: el impacto emocional

Los analistas coinciden en que este fenómeno explica la admiración pública que hoy rodea a estas marcas. No se trata de marketing. Se trata de coherencia en un momento donde la coherencia era escasa.

Un mes después: una reputación fortalecida: empresas y marcas como actores sociales

La lectura reputacional es clara: las marcas actuaron con disciplina, acompañaron sin protagonismo. trabajaron con instituciones confiables y mantuvieron un ritmo productivo.

En un país que reconstruye su rutina, las marcas del sector alimento demostraron que la responsabilidad corporativa no se mide solo en cifras, sino en la capacidad de acompañar a la población cuando más lo necesita.

El terremoto dejó una certeza: en tiempos de crisis, las empresas y sus marcas desempeñan un rol vital, y sobretodo cuando actúan en alianza con las ONG, se transforman en actores sociales clave capaces de sostener y fortalecer la resiliencia del país.

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